El Cáncer, ¿Cuestión de Mala Suerte?

Cuando las autoridades sanitarias gubernamentales se animan a hablar con la verdad respecto al cáncer, sus palabras constituyen una nota noticiosa.

En los Estados Unidos, el Panel contra el Cáncer emitió recientemente un reporte dirigido al Presidente Obama para informarle desde el punto de vista científico, que la población estadounidense está siendo “bombardeada” con productos químicos y radiaciones que producen cáncer y que si realmente se desea reducir las altas tasas de cáncer en la sociedad, se deben eliminar estos agentes químicos de los alimentos, medicinas, productos de cuidado personal y del ambiente laboral y doméstico.

El Panel contra el Cáncer, le pide con urgencia al Presidente Obama que utilice el gran poder presidencial para eliminar los carcinógenos y otros tóxicos de los alimentos, agua y aire porque aumentan innecesariamente los costos de salud, merman la productividad nacional y devastan la vida de los norteamericanos.

Lo que realmente están diciendo estos científicos es que hay substancias que causan cáncer en la comida y en el agua y este hecho tan simple se ha negado siempre por la industria del cáncer, los gigantes procesadores de alimentos, compañías de productos de cuidado personal y por los fabricantes de productos médicos para el tratamiento del cáncer.

La Sociedad Americana del Cáncer, por supuesto, rápidamente desechó el reporte, pues por ser parte de la industria del cáncer, le interesa y le conviene mantener la ignorancia del público respecto a los productos químicos, a pesar de que expertos en la materia como el Dr. Sam Epstein, han venido advirtiendo sobre los carcinógenos contenidos en los cosméticos y productos de aseo personal como cosméticos, jabones antibacterianos, champús, lociones, solventes domésticos, pesticidas, herbicidas, y por supuesto, muchísimos alimentos empaquetados, envasados o enlatados.

El mensaje que envían quienes viven de la industria del cáncer, es: “No se preocupen por los químicos, el cáncer es cuestión de mala suerte y no hay nada que podamos hacer para detener su aparición”. “Por tanto, no intenten prevenir el cáncer, pues no hay manera de hacerlo y si se enferman, nosotros los tratamos con cirugía, radiaciones, drogas y otros tratamientos carísimos mientras sufren la enfermedad.”

Las radiaciones de la Imagenología

El reporte del Panel contra el Cáncer también pone la puntilla sobre los riesgos causados por los estudios médicos de imagen que utilizan radiaciones y advierte que “Las personas que se someten a estudios que requieren radiaciones, acumulan dosis equivalentes o que exceden a las de los supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima”. Y concluyen que si una persona se somete a pruebas de imagen en un hospital en la actualidad, fácilmente puede recibir tanta radiación como una persona que hubiera estado ubicada a unos cuantos kilómetros de donde cayó la bomba atómica en Hiroshima durante la II Guerra Mundial.

Sin lugar a dudas, nadie va a hacer caso de este reporte del Panel de Expertos en Cáncer, pues los intereses de la industria son más fuertes que ellos. Tan sólo el año pasado (2009), en los Estados Unidos millón y medio de personas (niños y adultos) fueron diagnosticados de cáncer y más de medio millón murió a causa de la enfermedad. En la actualidad, se calcula que más del 40% de la población norteamericana sufrirá cáncer en algún momento de su vida y que el 21% morirá por esta causa.

El mencionado Panel de expertos hacen hincapié en que se ha subestimado el potencial peligro del cáncer de origen ambiental, que es una verdadera amenaza para la población, pues existen cerca de 80 mil productos químicos en el mercado, muchos de los cuales los utilizamos en nuestra vida diaria y que la mayoría de ellos no están sujetos a ninguna regulación sanitaria, aún cuando el aumento de enfermedades y de cáncer va hacia arriba.

Los norteamericanos llevan en sus cuerpos gran cantidad de químicos extraños, y las mujeres con frecuencia sufren altos niveles de tóxicos que trastornan su equilibrio hormonal. Muchos de estos productos pueden detectarse en la sangre y en la leche materna y en la placenta de madres que acaban de dar a luz, durante el embarazo y la lactancia.

Y aunque este Panel de Expertos se refiere, por supuesto, a los norteamericanos, otros países como México, donde utilizamos productos de aseo doméstico y de cuidado personal, alimentos y productos de todo tipo de origen norteamericano, no podemos pensar que este asunto es solo de incumbencia para los estadounidenses. ¿Usted que piensa?

Fuente: http://deainfo.nci.nih.gov/advisory.