No Siempre Más es Mejor que Menos

Mire lo que son las cosas, médicos investigadores norteamericanos están publicando una serie de artículos en la prestigiada revista médica Archives of Internal Medicine, donde afirman que ahora más que nunca es válido el aforismo de “hagamos menos para hacer más”. ¿y cómo es eso? Pues están demostrando que el exceso de estudios, cirugías y medicamentos que se prescriben y practican, no necesariamente impactan positivamente en la salud de quien lo recibe. Veamos por qué:

Las evaluaciones hechas en miles de pacientes sometidos a estudios y tratamientos médicos variados, desde mamografías, medicamentos, artroscopías y un largo etcétera, no necesariamente reportaron bienestar a los pacientes, por el contrario, los riesgos, molestias, gastos, dolor e inconveniencias sufridos sobrepasaron los beneficios recibidos.

Ponen como ejemplo el uso de antidepresivos, que pueden ser de utilidad cuando la persona sufre una depresión profunda, pero que estas mismas drogas en alguien moderadamente deprimido, son riesgosas por los efectos colaterales que son mayores a los beneficios que obtiene. El paciente que toma antidepresivos asume los riesgos que implica tomar el medicamento, que pueden ser mayores y más graves que la depresión que intenta aliviar.

En cuanto a las mamografías, tanto mujeres jóvenes como adultas tienen el mismo riesgo de sufrir cáncer de mama. Pero el riesgo de morir de la enfermedad es mucho menor en mujeres jóvenes que en las mayores. Por tanto el beneficio de una mamografía en relación a los riesgos que involucra el procedimiento, es menor en las mujeres mayores. Los efectos adversos de las mamografías, incluyen los falsos “positivos”, biopsias, ansiedad, tratamiento quirúrgico de tumores que ni siquiera son malignos.

Cuando los estudios o procedimientos se repiten innecesariamente, el daño que se causa por estos procedimientos puede ser enorme, por ejemplo, el uso de tomografías para dar seguimiento después de cirugía por cáncer y se teme que las radiaciones utilizadas para estos estudios, pueden inducir el desarrollo del temido cáncer.

En otro aspecto, un estudio llevado a cabo hace varios años, en los que se compararon pacientes hospitalizados por fractura de cadera, cáncer de colon o enfermedad del corazón dueños de seguros médicos, contra pacientes “particulares” de los mismos padecimientos pero sin muchos recursos económicos, indicaron que los asegurados obtuvieron 60% más de estudios y tratamientos, pero no obtuvieron mejores resultados o satisfacción que los de menores ingresos.

En otros casos se examinó el uso de aparatos de alta tecnología y se encontró que estos exámenes médicos sólo elevan los costos de la atención pero no corresponde su elevado costo con mejoría alguna a la salud. Por ejemplo, los desfibriladores cardiacos implantados en el pecho, en un principio se usaban solo para los pacientes que habían sufrido un ataque cardíaco. Tiempo después se utilizaron también en personas que no habían tenido ataque al corazón. En el 90% de los casos, el paciente se expone innecesariamente al riesgo de infección y posible shock sin que le reporte ningún beneficio para su salud.

Hallazgos similares se han hecho con el uso de tomografías y resonancias magnéticas, donde no hay evidencia de que el uso de estos aparatos mejore o prolongue la vida o que su utilización compense el costo económico.

Otro ejemplo muy común es el tratamiento de mujeres asintomáticas con la terapia hormonal postmenopausia, donde aún se discute si esta terapia es un riesgo para desarrollar cáncer y si los beneficios que aporta sobrepasan las molestias de los efectos secundarios que padece quién se somete a esta terapia.

Los científicos que publican en estos Archivos, prometen seguir con esta serie de artículos para dejar en claro que en cuanto a la salud se refiere, “más” no siempre es mejor que “menos”.