Musicoterapia para Sanar

La música es algo que el ser humano lleva intrínseco en su ser, es decir, lo llevamos por dentro y por tanto, la música juega un papel muy especial en la educación y desarrollo de la persona. Así es, la música no sólo tiene utilidad como espectáculo o como medio de entretenimiento, sino que el escuchar música, tocar un instrumento o cantar, es capaz de realizar modificaciones en el cerebro.

Esto que le contamos aquí, es lo que los científicos han descubierto y que se resume así: la práctica musical tiene un profundo impacto en otras capacidades, como el lenguaje y el habla, la memoria y la atención y la capacidad para expresar verbalmente las emociones.

Según lo que los expertos han descubierto, la práctica musical añade nuevas comunicaciones neuronales para permitirle al cerebro otra forma de comunicación humana. De hecho, cuando se trabaja con sonidos musicales, se aumenta la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para adaptarse y cambiar. El cerebro del músico mejora selectivamente los elementos de la información en el sonido y establece una maravillosa interrelación entre los procesos sensoriales y cognitivos.

Esto que parece tan complicado, no lo es tanto cuando en la práctica se utiliza la música como medio para mejorar las capacidades del niño. Por ejemplo, se han dado cuenta que quienes estudian o han estudiado música, son más capaces para aprender otros idiomas que quienes nunca han recibido educación musical, porque tienen la capacidad para transformar los patrones de sonido de una nueva lengua en palabras.

Los niños que han tomado lecciones de música, tienen mayor vocabulario y mejor capacidad de lectura que los niños que nunca han estudiado música. Los niños con dificultades de aprendizaje, que por lo general tienen dificultad para concentrarse cuando hay ruido alrededor, mejoran notablemente cuando toman lecciones musicales. El estudio musical parece que fortalece los procesos neuronales que son deficientes en personas con dislexia o que tienen dificultad, tanto en el lenguaje como en la audición, cuando hay ruido.

Es un acierto que en las escuelas se les den clases de música o de canto a los niños, pues ya está comprobado que así como el ejercicio o el deporte ayudan a mejorar el estado físico del individuo, así la música contribuye al desarrollo de las facultades del cerebro.

Además de los estudios musicales, el escuchar música también tiene notables efectos benéficos en el cuerpo, por ejemplo, han demostrado que los bebés prematuros que se les hace escuchar música de Mozart diariamente durante 30 minutos, crecen más rápido que quienes no escuchan música. Escuchar música Celta o Hindú (raga), una vez al día durante cuatro semanas, reduce notablemente la presión sanguínea en personas hipertensas. Otros aspectos en los que la musicoterapia ha resultado ser de notable ayuda son en las dificultades en el aprendizaje, problemas de conducta y sociabilización y en los trastornos crónicos y degenerativos como cardiopatías o problemas de dolor, porque estimula la secreción de dopamina.

También, como apoyo y complemento a una enorme variedad de problemas como Alzheimer, adicciones, daño cerebral por traumatismo, incapacidades físicas, problemas de dolor, cáncer, etc.

En las mujeres embarazadas, los estudios demuestran que no solo la madre escucha y reacciona a la música, sino también el feto ya está nutriéndose de los estímulos audibles, que van desde la escucha de los latidos cardiacos, los sonidos gástricos, los latidos del corazón, hasta la voz de mamá y las vibraciones que llegan desde el entorno.

En los niños, se sugiere que se inicie el empleo activo de la música, entre los 3 y 10 años de edad, aprendiendo algún instrumento musical, este intervalo de edades es conocido como puerta neuronal; siendo la etapa en que se facilita el desenvolvimiento de cualidades del hemisferio derecho del cerebro (cerebro analógico) y la creación de un puente efectivo con el izquierdo (cerebro lógico). Asimismo cuando el instrumento empleado hace uso de los dedos (Estos están vinculados a áreas específicos del cerebro izquierdo y derecho), se estimula indirectamente diversas zonas cerebrales.

El tocar un instrumento musical genera una auto-organización interna (fisiológica y psicológica), mientras que escuchar música genera un reordenamiento interno de las pulsiones interiores y ayuda a la mente a autoregular diversas funciones del cuerpo y se percibe un estado de mayor armonía.

Antes de lanzarse al estudio de la música, es importante descubrir primero qué tipo de instrumento es el más apropiado para cada personalidad, y se debe experimentar con distintos instrumentos antes de definir a cual destinará su dedicación fundamental.