La Ira y la Presión Sanguínea

Aún cuando no se reconoce abiertamente el estrés que los niños padecen, un indicador de ello es el siguiente relato.

La ira de un padre o una madre, puede elevar la presión sanguínea de un niño, aún cuando no esté dirigida a él. En un estudio realizado en 34 niños de cuatro y cinco años de edad, publicado en la revista norteamericana Pediatría para Padres, se descubrió que al escuchar grabaciones de adultos discutiendo, elevaba la presión sanguínea de los niños, lo cual es una señal clara del estrés al que se someten. Durante el estudio, las madres de los niños estaban presentes. El aumento en la presión no es significativo en sí mismo pero demuestra cómo las acciones de los padres repercuten adversamente en los hijos.