Las Emociones y la Digestión

Sabemos que nuestros pensamientos y creencias son capaces de afectar nuestra salud y también sabemos que al modificar nuestras actitudes y pensamientos podemos lograr nuestra curación.

Lo que tal vez no creeríamos, es que también, nuestras emociones son capaces de afectar la forma en que se forman las cadenas de ADN de nuestro cuerpo, y formar un modelo o mapa dentro de nuestra cabeza, sobre la forma en que el mundo está constituido, puesto que nuestro modelo se basa en los filtros de nuestra percepción y creencias y afecta, absolutamente todo lo que hacemos, incluyendo lo que comemos.

Por supuesto que lo que comemos es importante, pero igualmente importante es el estado emocional en que lo hacemos. Cuando nuestro estado emocional es tranquilo, nos puede ayudar a corregir problemas físicos que estemos experimentando o nos puede evitar que sucedan.

Todos hemos experimentado cómo, el recibir una noticia desagradable mientras comemos, nos puede quitar el apetito de golpe o notar cómo nos "hizo daño" por la noticia. Se sabe por ejemplo, que la respuesta del cuerpo al colesterol puede afectarse por la actitud, y por los diferentes estados de ánimo. La diferencia de comer en medio de discusiones o de una amena conversación, es notable. Cuando comemos a disgusto, se nos hace nudo la comida y ni siquiera se disfruta, porque los efectos emocionales se reflejan en la cantidad y calidad de la saliva, en la formación de ácidos estomacales, en la función del corazón, la presión sanguínea, etc.

Aquí es bueno resaltar cómo la abuela tenía razón, cuando nos ponía a dar gracias en actitud agradecida antes de tomar los alimentos y mantener un ambiente de tranquilidad en la mesa.

El aspecto emocional durante las comidas es muy importante y debemos cuidarlo. Independientemente de lo que comamos, aún las comidas más sanas pueden dañarnos si comemos apresuradamente, pensando en los problemas del trabajo, bajo estrés o enojo. Haga de cuenta que procurar comer nuestros alimentos en un ambiente cálido y agradable, es como comprar una póliza de seguro, si entendemos el valor de las emociones durante el acto de nutrirnos. Es interesante conocer los diferentes aspectos que se le atribuyen a la comida. Algunos la ven como el combustible que se le administra a la complicada máquina que es el cuerpo. Otras personas, inconscientes de lo que se comen, continúan abusando de su cuerpo a través de sus pésimos hábitos de alimentación, sin preocuparse en lo más mínimo en el daño a largo plazo que esta actitud producirá inevitablemente. Quienes se preocupan por preparar personalmente sus alimentos y seleccionan los elementos naturales más sanos para hacerlo, también cuidan las combinaciones, y son capaces de disfrutar la hora de la comida como un momento sagrado destinado a nutrir tanto el cuerpo como el espíritu.

El sistema inmunológico, que comúnmente llamamos de defensa, se ve afectado por el estado emocional durante la nutrición. Como este sistema es la primera línea de defensa contra la enfermedad y la mala salud, es necesario asegurar que la hora de la comida sea una experiencia agradable más que la hora de discutir los problemas.

El cuerpo no discurre, sólo recibe el impacto de las emociones y las separa en buenas y malas para la salud. La elección es nuestra como individuos, decidamos cuáles mensajes deseamos que nuestro cuerpo reciba.